La cirugía menor incluye una serie de procedimientos quirúrgicos sencillos y generalmente de corta duración, realizados sobre tejidos superficiales y/o estructuras fácilmente accesibles, bajo anestesia local, que tienen bajo riesgo y tras los que no se esperan complicaciones post-quirúrgicas significativas.

Protocolizar la cirugía menor ayuda a reducir la tasa de derivación a la atención especializada, mejora la accesibilidad del paciente al sistema sanitario, resta el tiempo de espera y aumenta la actividad y la capacidad resolutiva de la atención primaria.

Es de suma importancia que el personal de enfermería se prepare adecuadamente para poder atender con eficacia a los operados ambulatorios de procesos menores, puesto que les permite identificar previamente los riesgos  potenciales de infecciones y complicaciones, así como centrar su trabajo en la modificación de éstos.

Este tipo de cirugías se realizan en los centros de atención primaria por los médicos de familia, los cuales realizan el diagnóstico diferencial y valoran las posibles formas de tratamiento. Durante la primera consulta, el médico valora la indicación o contraindicación quirúrgica del paciente y si es factible realizarla en el centro de salud. Una vez admitido, se le informa de los riesgos que conlleva la intervención y de las posibles complicaciones, y se le entrega el consentimiento informado para que lo firme. En la segunda consulta se llevará a cabo la intervención de cirugía menor por parte de un equipo formado por un médico y una enfermera.

La anestesia que se emplea en este tipo de cirugía es loco-regional, empleándose diferentes fármacos anestésicos.

Dentro de la cirugía menor se realiza técnicas de anudado con diferentes tipos básicos de sutura, corte y disección de tejidos, manejo de los tipos más frecuentes de heridas cutáneas, extirpación de quistes e infiltración de anestésicos.

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